
Refresca mis labios con agua marina,
cubre mi alma con el manto de tu piel de arena,
lleva el velero de mi soledad hacia donde dirijan tus vientos
y manda la brisa de sal mojada para sanar mis heridas.
Dejame caminar por tu arena de blanco fulgor
mientras huelo el aroma de mares lejanos
a la orrila de muelles sin nombre,
mientras me baña la lluvia marina.
Y cuando el cielo se llene de estrellas fugaces,
guía de hombres salados y quemados por el sol,
me darás un beso de profundas tempestades
y me darás el tesoro de antiguos bucaneros.
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