Aprender que las cosas son inpermanentes nunca fue más doloroso,
los rastros de aquel tiempo solo son el reflejo de la luna en el agua
y el olor de tu cabello es solo un suspiro que el viento trae en la mañana.
Saber que los días son solo una lágrima en la lluvia me devasta,
tu imagen no es más que un espejismo que engaña a mis sentidos,
halo doloroso de heridas sangrantes y promesas despojadas.
No queda más que comprender que la vida es una farza desalmada
una serie de luchas sin ganancias, una especie de sátira cuadrada
como una injusta condena, con la noche como última morada.
Pero un día renaceré de lo que fueron mis sueños quebrantados
y miraré mis brazos rotos, escombros de caricias oxidadas
y solo serás un karma ya pagado, un montón de recuerdos olvidados.
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