Todas las flores no bastan para cubrir de luz tu presencia.
Ni todas las luces del mundo me ayudarían a iluminar el recuerdo que tengo de ti.
Ni el más profundo de los mares ahogarán tu recuerdo.
En el filo donde el mar se pierde y el cielo se eleva a los confines del universo, vives como dueña de los sueños, con la magia de tu infinita sabiduría y las enseñanzas de maestros perfectos.
Hoy quisiero tomar la doctrina de tus sabias palabras, como las del león sagrado de altares inmensos. Así como la noche cubre de estrellas el manto abyecto de mis cielos. Tal cual te diré que sin ti me muero.
Hoy quiero pedir para ti, la gloria eterna que se destina a un maestro, que logres la vida eterna de los sueños, que nadie contenga el infinito espacio de tus besos. Y te de la paz inconmensurable de las rosas rojas en tu pelo.
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