Hoy el cielo de la mente se mantuvo nublado,
ni todos los buenos deseos, ni el canto de las aves,
ni el sol que se posó en la cara pudieron desvanecer el invierno
de un corazón abandonado.
Las manos no fueron capaces de abrir los libros,
ni los ojos se pudieron posar en las montañas verdes,
hoy sólo hubo viento en contra sobre las velas
y cisnes negros se posaron en el lago de los recuerdos olvidados.
Ahora se intenta construir sobre lo que fue derribado por
el huracan enloquecido de las vanidades, de los egos exaltados,
de la vieja costumbre de romper lo amado.
Esta noche las palabras buscan decir lo que el corazón no pudo,
y las manos se aprietan fuerte tratando de sostener los últimos
anhelos de lo que murió antes de que pudíeramos hacer algo.
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