lunes, 26 de abril de 2010

PERRA VIDA

a veces creo entender lo que intenta decir un perro
cuando le ladra a la luna,
o cuando se queda mirando el firmamento,
preguntándose donde esta su amo,
cómo fue capaz de abandonarlo.

Yo creí que pertenecía a tu manada,
que éramos familia, hermanos.
Que los lazos que nos unían eran más fuertes
que los convencionalismos, la religión
el absurdo frío de una regla.

Le aullo a la luna sin saber por qué lo hago,
por qué los vellos se erizan cuando veo esa letra,
estigma enraizado y tatuado en los confines
de un mar negrísimo, raquítico como
los sueños de los niños no deseados.

Hoy me siento más perro que nunca,
sin poder ladrarte, lamerte la cara, raspar tu puerta con mi pata,
para que me tires aunque sea un pedazo de tu sonrisa.

Hoy me quedo mirando a través de la ventana de
la que fue mi casa, tiro con todas las fuerzas del lazo
que me impusiste, que no logro romper, que se me clava en el cuello.

Hoy te ladro desde el rincón de la ciudad que me contempla,
¿acaso no éramos manada?
¿nunca fuimos familia?
¿acaso tienes corazón para dejarme acá afuera en el piso mojado?

Le aullo a la luna, eterna cómplice de mis plegarias,
dime tu piedra blanca sagrada y sabia,
¿acaso no hay un alegría para un ser de cuatro patas?

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